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Doscientos años atrás, Arthur
Schopenhauer escribió que "Toda
verdad pasa por tres etapas. Primero, es ridiculizada. Luego, es
violentamente rechazada. Finalmente, es aceptada como evidente
por sí misma." Esta observación ciertamente ha superado
la prueba del tiempo. Los escritos de Copérnico, en los que
sostenía que la tierra se mueve alrededor del sol, fueron
prohibidos por décadas, y llevaron a la Inquisición a
enjuiciar y condenar a Galileo a prisión domiciliaria.
Hoy, por supuesto, el movimiento orbital de la tierra es
aceptado como "evidente en sí mismo".
Desafortunadamente, las prácticas y las
creencias de crianza en las áreas del sueño, la alimentación
y la disciplina parecen moverse en la dirección equivocada.
Nuestra sociedad se ha alejado de la confianza y ha avanzado
hacia un acercamiento a los niños que es artificial,
desconfiado y distante. Padres que tratan a sus niños con el
mismo amor y confíanza que fue "evidente en sí
mismo" por generaciones ahora enfrentan la oposición y el
ridículo. En sociedades anteriores, la necesidad de un niño de
estar cerca de sus padres durante el día y la noche era una
"verdad evidente en sí misma", y la manera obvia de
satisfacer esa necesidad era proporcionando seguridad,
proximidad y comodidad. A lo largo de la mayor parte de la
historia de la humanidad, las madres durmieron al lado de sus
bebés, lo que fomentó el apego entre ellos, y alentó y
facilitó el amamantamiento.
Los bebés amamantados que duermen junto
su madre ingieren tres veces más leche durante la noche que los
bebés aislados, disfrutando así de un patrón nutricional más
natural. Las madres que duermen al lado de sus niños también
se sienten tranquilas sobre la seguridad de sus hijos. Bebés
que duermen lejos de sus padres han fallecido en incendios, han
sido abusados por parientes, secuestrados de sus camas, sofocado
después de vomitar, han sido atacados por mascotas y han muerto
o resultado heridos de numerosas otras maneras. Muchas - si no
la mayoría - de estas tragedias pudieron ser evitadas de haber
estado un padre presente y consciente del bienestar del bebé
durante la noche. El colecho familiar puede también ayudar a
prevenir abuso por parte de los padres al reducir el estrés de
criar bebés y niños jóvenes. Un niño en una cama familiar no
necesita sufrir innecesariamente o llorar para traer a su madre,
y la madre puede permanecer en la cama y amamantar semi-dormida.
Investigaciones han demostrado que los
adultos comatosos mejoran su frecuencia cardíaca, ritmo cardíaco
y presión arterial cuando otra persona está presente. Parece
razonable suponer que infantes y niños reciben beneficios
similares al tener a otros cerca de ellos durante la noche.
Muchos padres han encontrado que los hermanos que comparten la
noche así como el día construyen una relación profunda y
duradera. Y finalmente, la investigación del sueño realizada
por el Dr. James McKenna, en el Centro Para los Estudios del
Comportamiento del Sueño de Madres y Niños, demuestra que la
respiración de una madre puede proporcionar señales
importantes a su niño, recordándole tomar aire después de
exhalar, disminuyendo así la posibilidad de muerte súbita.
Pero los padres de hace tiempo (y de la mayoría de los países
del tercero mundo hoy) no necesitaron sopesar estas ventajas
contra otros abordajes, ellos siguieron simplemente su impulso
natural a amar, proteger y nutrir a sus niños.
¿Por qué no hemos seguido el camino
previsto por Schopenhauer? ¿Por qué no abandonamos las cunas,
dónde tantos bebés han muerto, y muchos más han sido
lastimados? ¿Por qué las numerosas muertes y lesiones en las
cunas no condujeron a un llamado para su abandono, o por lo
menos a un cambio a las "cunas colecho" (cunas
parciales que se ensamblan al lado de la cama de los padres)?
Cuando los bebés se lastiman en la cuna, nunca se les dice a
los padres que eviten las cunas; se les dice cómo comprar y
utilizar cunas más seguras. Pero cuando un bebé muere en una
cama familiar, la respuesta es completamente distinta. En vez de
ser educados sobre factores de seguridad, se nos dice que nunca
coloquemos a nuestros bebés en camas para adultos – y punto.
En vez de abogar por el fin de un arreglo
tan antiguo, benéfico y saludable, las causas de cada situación
deben ser investigadas, y los padres deben ser educados de
acuerdo a las circunstancias. Deberíamos ser advertidos sobre
los verdaderos peligros de compartir la cama: intoxicación,
sobremedicación, uso de colchones de agua, mantas flojas o un
lecho suave, espacios entre el colchón y el respaldo de la cama
y dejar a un bebé desatendido. Si un bebé muere en un auto,
nunca nos dicen que mantengamos a los bebés lejos de los autos,
nos aconsejan sobre medidas de seguridad. El mismo acercamiento
debe ser utilizado con el colecho.
La cuna obliga a los bebés a enfrentar la
larga noche solos antes de estar psicológicamente equipados
para hacerlo. El aislamiento enseña lecciones dañinas de
desconfianza, impotencia y desesperación, creando un
sentimiento profundo de soledad que ningún oso de peluche puede
llenar. Analizando los informes de adultos en hipnoterapia, arte
terapia y psicoanálisis, las experiencias de separación
forzosa de los padres durante la infancia y la niñez son traumáticas,
con efectos a largo plazo en la personalidad adulta.
Las cunas, especialmente si están
ubicadas fuera de la habitación de los padres, son peligrosas
de otras maneras también. Un bebé aislado no tiene ninguna
protección contra abusos sexuales y físicos secretos. La
separación durante la noche disminuye el apego emocional crítico
entre padres y niños, y entre hermanos. Las cunas impiden que
los padres que trabajan pasen con sus niños el único auténtico
lapso de tiempo que les queda disponible.
Si se les diera la opción, probablemente
no hay bebé en el mundo que elegiría el aislamiento frío
sobre la proximidad cariñosa. Los gritos y el llanto de
nuestros bebés deberían ser más que suficientes para
convencernos del daño emocional y de la equivocación moral de
tal separación.¿Por qué no oímos lo que tan arduamente
intentan decirnos?
Las cunas son peligrosas, y evitan que los
padres intervengan rápidamente en emergencias. La Comisión
para la Seguridad de los Productos de Consumo
de los E.E.U.U., la misma organización que advirtió
recientemente sobre camas familiares, ha reportado de 40 a 50
muertes en la cuna por año, y miles de lesiones serias. Su
propio sitio de internet está lleno de advertencias sobre los
peligros potenciales del uso de cunas. Sin embargo, nunca
consideraron la posibilidad de abandonar las cunas. Éste es un
doble estándar absurdo que nadie parece cuestionar.
Las cunas son jaulas solitarias para los
bebés, quienes merecen que las necesidades de sus edad sean
cubiertas con amor y compasión. Las cunas no tienen
absolutamente ninguna ventaja real. ¡Abandonemos las cunas!
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